Emplazado en un bello y tranquilo jardín donde se puede degustar tanto la comida nicaragüense como la internacional, y si lo prefieres puedes comer bajo un rancho de palma tradicional o beber una copa en un ambiente relajado con música selecta y rodeado de una vegetación repleta de árboles, plantas y flores de las más variadas formas y colores. Está ubicado en el Km. 130,200 de la carretera M Norte, en el Barrio Carlos Núñez
La madrugada del día viernes 2 de noviembre ha iniciado una arribada masiva de Tortugas Paslamas en playa La Flor (Nicaragua).
Se espera que la llegada de tortugas continúe por 5 días más, posiblemente hasta mediados de la semana.
Las siguientes imágenes son de ésta arribada para que os sorprendais con ésta maravilla natural.
En la primera imagen vemos la llegada de las tortugas a deshovar, en la segunda las pintan para su recuento. Os recuerdo que los nacimientos de tortuguillas ocurren 45 días después de una arribada.
Para la Arribada del 4 de octubre, se esperan los nacimientos en la tercera y cuarta semana de noviembre. Para la arribada actual se esperan los nacimientos en las primeras 2 semanas de diciembre.
Tomado de “Arechavala y su alma en pena” (Fragmentos) en Milagros Palma: Senderos Míticos de Nicaragua. Editorial Nueva América, Bogotá, 1987.
Arrechavala es el personaje mas popular cuyo espíritu asusta por las noches en la calles de las barriadas de la vetusta ciudad colonial. Doña Mariíta del barrio Guadalupe que vio pasar a Arechavala por su casa, nos cuenta su aterradora visión:
Era una noche oscura, oscura, yo estaba sentada en la acera delante de mi puerta hacia eso de las once de la noche. En aquella época los americanos ocupaban el país. De pronto se oyó un ruido extraño, cuando de repente yo sentí que un tropel de caballos venía del Laborío.
Mi casa era antes donde nació José de la Cruz Mena. Allí vivía yo, el caso es que oí el tropel de caballos que cogió para el lado de “la 21”, el cuartel. Ahí se paró y después solamente se oyeron los pasos de un soldado que seguramente dejó el caballo amarrado a un poste. Yo me decía ¿Quién será ese americano que viene por estos lados? ¡La sangre de Cristo! Y yo pidiéndole a Dios que no me fuera a decir nada por estar a deshoras de la noche en la puerta de mi casa. Yo me encomendé a todos los santos, ¡Santo Dios, Santo fuerte, santo inmortal, ¡líbrame de todo mal!, Dios miíto, yo no sabía qué hacer.
Así fue, entonces, al pasar cerca de mi casa volvió a ver atrás y le vi. el perfil que era de un hombre simpático. El siguió caminando. Después le oí sonar la espuela. ¿Qué cosa será eso? Me pregunté yo. Bueno, pero no le hice caso.
Siguió caminando hasta que llegó a la esquina de las Montenegro. Ahí se bajó y se paró en medio de la calle haciendo maniobras militares. Ya cogió él hacia la casa que ahora es de las Madrices. Golpeó, dio tres toques en la puerta y nadie abrió. Cuando dio otros tres golpes yo me dije: Ahí vive ese americano. ¡Qué extraño! Nunca lo había visto. La capa que antes era de color café al pasar delante de la casa, allá se miraba color turquí, azul prusiano. Después se paró en la propia esquina de las Matrices y volvió a hacer las mismas maniobras y agarró para el lado trasero del colegio San Ramón y la acera de la Asunción. Bueno, cuando estaba por llegar a la esquina para darle la vuelta al seguro, se encontró con un hombre.
Al ver eso yo me dije: Voy a esperar a aquel hombre para que me diga quien es ese soldado que va allá. Cuando el hombre se aproximó le pregunté:
-¿Viste aquel americano que va allá?
-No –me dice-, no he visto a nadie.
-¿Cómo no, si lo acabas de encontrar, hasta te topaste con él, cómo vas a creer, hasta te escapaste de caer –le dije yo asustada.
Pero él insistió que no había visto nada y me dijo que lo que yo había mirado era seguramente a Arechavala.
Efectivamente, Arechavala había dejado su caballo cerca de mi casa. Ya con miedo cerré la puerta, me fui acostar, me dormí, y me puse a soñar con el señor que vivía conmigo, que era zapatero, Félix me decía:
-María, ve quien viene ahí.
-¿Quién? –le dije yo asustada.
-El coronel Arechavala – me respondió.
Pero fue diciéndome eso y sentí en sueños que el hombre me llevaba para adentro de mi casa. Ahí nomás me desperté. Cuando yo me desperté me puse a rezar y a rezar. Ya no hallaba qué santo bajar del cielo.
Entonces mi casa era de dos piezas. Había una puertecita que comunicaba las dos piezas. Cuando yo me desperté del sueño, vuelvo a ver por la puerta y diviso la silueta de Arechavala proyectada en la pared de mi casa, de la salita, con los brazos extendidos como lo había visto en la realidad. Yo quería gritar, pero me dije: ¡qué jodido, no debo gritar, tengo que tener valor! La gente va a decir que soy una miedosa.
Yo estaba con mi muchachita, la Leticia y ya no pude contenerme más. Cuando iba a comenzar a gritar el hombre dio la vuelta, y se fue, yo oí “tas, tas, tas”, sus pasos. Entonces se abrió la puerta, se montó en el caballo que, resoplando salió y hasta que relinchaba el jodido. Ya cogió para el Laborío de donde él había venido, mas para allá se topó con una mujer, y lo mismo, quiso hablarle pero ella tuvo miedo y se metió a su casa.
Después dicen que llegó allá por “las cuatro esquinas”, en la calle real cogió para el Chinchunte y en ese callejoncito, cuenta la gente que él platicaba con una muchacha que era loca. Salió de ahí y siguió caminando para el “platanal”. Dicen que lo encontraron en el camino del “pochote”. Al día siguiente fui a la venta a contar lo que me había pasado y me dicen:
-¡Qué pálida que venís Mariíta!
-¡Eh!, si no he dormido ni una gota en toda la noche, hermana, porque me pasé soñando tonteras y viendo fantasmas, vi. a Arechavala –le respondí yo.
Entonces ahí mismo hubo toda clase de comentarios y me comentaron que también habían visto a Arechavala, ahí por el rastro. Iba en su caballo que era un diantre, pegaba unas carreras como que lo iban siguiendo...”
Al terminar de contar su experiencia doña María evocó algunos datos de la vida del misterioso personaje con lo cual se justificaba su larga pena.
Arechavala sale a medianoche. Yo no sé en que época vivió. Dicen que él andaba penando porque dejó muchos tesoros enterrados y esa es la cosa de él. Uno no debe dejar nada porque después anda asustando a la gente. Arechavala obtuvo sus tesoros de la misma manera que la gente rica ahora, robándole a los pobres sus trabajos. Durante la guerra de Malespín, la gente enterró sus tesoros y por eso ¡ay andan penando lo ricos!
Dicen que ese hombre les pega a las personas que encuentra en el camino. Una vez le dio unos chilillazos a un hombre que hasta se escapó de morir de los golpes. Él apalea a la gente para que no se salga en la noche. Dicen que se metió en la casa de las Valles, y ahí habían unos estudiantes estudiando, él quería pegarles pero los muchachos salieron corriendo.
Arechavala era español, vivía frente a San Juan, del Deposito media cuadra para allá como quien va para el río. Él frecuentaba esos lugares. Él trajo a San Sebastián, por eso lo enterraron en la propia iglesia de San Sebastián que el frecuentaba mucho. También mando a traer a otro señor que esta en la iglesia, pero de nada le valió porque ¡ahí anda penando!...”
“Por ahí, una señora compró una finca que era de Arechavala. Se hizo riquísima la mujer porque en las propiedades de Arechavala hay botijas. Dicen que compraba casas y casas donde enterraba el dinero. Dicen que por las noches se le oye contar sus reales, entonces la gente asustada para ver que es lo que pasa, pregunta si hay alguien pero nadie contesta. Cuentan que él se le apareció a una muchachita que quedaba sola en su casa porque la mamá iba a trabajar y le dio una gran botija de reales, repleta, para que la mamá no fuera mas trabajar y se quedara con la chavalita...”
Arechavala, según los relatos populares era un hombre muy rico, pero en su estado actual de alma errante, aparece haciendo gestos caritativos entre la pobretería, fiel a los principios del afortunado.
...Don Pedro, un comerciante ambulante del barrio San José en León nos afirma que Arechavala sale todavía y que las historias de sus apariciones no son “cuentos de camino”. Él dice que Arechavala bajo el silencio de la oscuridad de la medianoche asusta con chirridos a los que encuentra a su paso.
La historia nos muestra a Arrechavala actuando en un período del segundo decenio del siglo pasado marcado por violentas insurrecciones contra la dominación española. Durante todo este período de agitación se destacó el coronel Arechavala, uno de los principales promotores de la adhesión de León al Imperio mexicano de Iturbide. (...) Arechavala, así como muchos oligarcas de la época enterraba sus riquezas, lo cual era inconcebible para el indígena que ve en la acumulación de bienes, la posibilidad de engendrar alegría colectiva...
...Por eso el espíritu de Arechavala debe quedar cautivo en esta tierra para vigilar sus tesoros enterrados cumpliendo con la condena irrevocable que le impuso el pueblo en el juicio celebrado en el momento de su muerte.